Las buenas intenciones que desparramaste por el suelo te hicieron tropezar cuando intentaste arrancar de nuevo la carrera que nunca deberías haber emprendido en un principio.
Conquistar una main idea puede resultar sencillo. Lo complicado es entrelazarla con las palabras que desde antes llevabas en los bolsillos, que son escasas pero tuyas.
Mirá, es simple, hablar y no decir nada, solo para saber que uno está hablando, es una necesidad comunicativa pura. Intentar decir cosas puede ser peligroso.
Sé que te arriesgarás, yo hago lo mismo, aunque los días lunes me cierren la boca. Pero de todos modos necesito advertirte lo que tantos poetas ya pensaron y dijeron.
Acabarás por comprender, como todo el mundo, que son pocos los oyentes o lectores, y que eso realmente no importa mucho, a pesar del problema ético que conlleve esta sensación. Porque lo que importa, lo que realmente importa, es enajenar esos demonios, volverlos otredades analizables, circunscriptas en palabras.
Abrir un canal que te lleve lejos de vos, nombrar lo innombrable. Dominar el silencio provocándolo por el vacío que quedará dentro tuyo cuando te liberes de esas frases que se quieren escapar.
Dejálas ir, sin presiones, y quizá hasta cambies el mundo. Solamente no lo desees con toda tu alma. Hacé lo que tengas que hacer, como se debe. Entonces, cuando mires tu vida desde afuera, cuando leas tu voz en cualquier pantalla, y te sientas vacío de esperanza, cuando hayas limpiado tu mente de todo lo que traías al empezar esta carrera, y ya no queden buenas intenciones, cuando te encuentres desnudo frente a tu verdad (todo el mundo tiene su verdad) entonces sí, vas a poder caminar sin correr ni tropezarte.
Vas a poder hablar tranquilo sin quejarte, sin pedir nada, sin palabras grandes que no proclaman novedades.
Vas a decir lo indispensable, porque te habrás deshecho de lo que sobra.
Y si te deshiciste de aquello que sí era esencial, si perdiste en el camino aquella main idea mencionada anteriormente... será una lástima.